La lucha contra la uberización del trabajo

La lucha contra la uberización del trabajo continúa

Aunque ahora se ha extendido su modelo, Uber fue la primera empresa que puso en marcha, bajo la excusa de la «economía colaborativa», un modelo de empleo basado en la precariedad absoluta.

Tanto es así que la palabra «uberización» se ha extendido como término recurrente en el lenguaje del mundo del trabajo para definir el proceso de flexibilización y precarización que estamos sufriendo.

Lo que empezó, precisamente, por el sector de los VTCs se ha extendido al reparto de comida a domicilio (la empresa emplea extensivamente su servicio UberEats, y muchas otras empresas como Deliveroo o Glovo copian el modelo) y planea llevar su modelo de empleo al personal de cabina de las aerolíneas, a los camareros o a los guardias de seguridad.

La uberización no es un fenómeno técnico de progreso: es un fenómeno social de precarización.

No se trata de ofrecer un mejor servicio a los usuarios, sino de ofrecer herramientas a los capitalistas para flexibilizar aún más sus plantillas y adecuarlas a la inestabilidad anárquica del mercado.

Dicho de otro modo, es una herramienta para vincular nuestras vidas a esa misma inestabilidad.

Convertirnos en esclavos de la temporalidad, pluriempleados, incapaces de tener un plan de vida porque es imposible saber cuántos ingresos vamos a tener a fin de mes.

El elemento técnico no es más que el aderezo que usan para disimular sus verdaderas intenciones.

Si nos atenemos al sector del taxi, de hecho, el uso de aplicaciones ni siquiera es una innovación: ya existen agrupaciones de taxistas que hacen uso de este tipo de herramientas.

No hay nada nuevo ni nada positivo para usuarios y trabajadores en Uber o Cabify: no son más que un ensayo del gran capital para ver hasta donde pueden presionar los límites de la estabilidad laboral.

Por esta razón, el conflicto del taxi no es una lucha exclusiva del sector, ni se trata de una cuestión que afecte únicamente al transporte en vehículo tripulado, sea taxi o VTC.

Ya hay planes concretos para reproducir ese modelo en otros empleos

No es descabellado pensar que el día de mañana, si Uber termina imponiendo su modelo de empleo, la mayoría de los trabajadores tengamos una app en el móvil en la que se nos diga de qué vamos a trabajar cada día: hoy, conduciendo un coche; mañana, en una cadena de montaje; pasado, sirviendo copas.

Atomizados, aislados, enfrentándonos por solitario a grandes empresas que tienen nuestras vidas en sus manos.

La uberización no es más que la evolución de la ETT, el siguiente paso de la temporalidad.

Pero, sobre todo, la evolución social, la culminación del proceso de liberalización iniciado por Thatcher y Reagan, destinado a destruir todo sentido colectivo de clase trabajadora, para después destruir nuestras organizaciones sindicales y políticas, y terminar acabando con la negociación colectiva.

La empresa frente al trabajador, sólo, aislado, débil. El sueño de los capitalistas.

Por esa razón, todos los trabajadores deberíamos plantearnos el conflicto del taxi en términos más elaborados que una simple lucha particular en un sector que nos es ajeno.

El proceso ha empezado por ahí, pero si no lo detenemos se extenderá.

Haríamos bien, en primer lugar, en solidarizarnos con los taxistas en la lucha contra la precarización, y en seguir y analizar su conflicto para aprender, conocer al enemigo y estudiar las formas más efectivas de combatirlo, porque es muy probable que dentro de no mucho tiempo nos veamos en la misma situación.

La lucha contra la uberización del trabajo

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